EL TEMA DE LA SEMANA (IV)
Por Paco Strato.
Tema: Fatal Tragedy
Grupo: Dream Theater (Oh Yeah)
Álbum: Scenes From A Memory (1999)
¡Por fin! Tras una semana de vacío debido a problemas personales, ya no veía el momento de comentar alguno de los (todos) magníficos temas de The Best Band of the World Ever. Oh, sí. Dejad que me regodee. Ante ustedes está hoy este increíble tema, Fatal Tragedy, perteneciente al memorable Scenes From a Memory, el que probablemente sea el mejor álbum conceptual de todos los tiempos (y el que no esté de acuerdo, pues no tiene razón). Este álbum, entero, viene a ser la continuación de la críptica pieza Metropolis pt. I: The Miracle and the Sleeper, que estaba en el segundo disco de la banda, Images and Words. Ya desde entonces tenían la intención de continuar la historia, pero lo que no sé es si a tan largo plazo preveían que esta continuación sería todo un disco… es un poco lo que pasa con The Glass Prison (Six Degrees of Inner Turbulence, 2002), que tiene su continuación en This Dying Soul (Train of Thought, 2003), que narran los distintos estadios por los que pasa un alcohólico según un famoso método de rehabilitación. Ojo, son muchos pasos, veremos a ver si en el tiempo de vida que le queda a la banda completan este proyecto. A ver si en su próximo disco, Octavarium (previsto para junio de 2005), continúan con la historia…
Muchas veces he dicho en mi círculo más íntimo que probablemente Fatal Tragedy sea el tema de Dream Theater que mejor representa al grupo, y hoy lo repito: aquí se recoge, creo, la esencia de este quinteto de virtuosos; el espíritu de la banda surge de manera magistral en esta pieza de casi siete minutos, que para más INRI es la continuación de la anterior (Through My Words), que le sirve de introducción. Nicholas, el protagonista de la historia, nos cuenta cómo se encuentra misteriosamente con el hipnoterapeuta, que le pone en antecedentes sobre los truculentos hechos que ocurren en la misteriosa casa, muchísimos años atrás. La letra, estupenda como todas las del álbum, además contiene sentencias hermosísimas de carácter filosófico: “Sin amor, sin verdad, no puede haber vuelta atrás. Sin fe, sin esperanza, no puede haber paz mental”. Si aún no conocéis la historia, en vuestras manos dejo la disfrutable tarea de descubrir qué extraña relación une a estos dos personajes, y al resto de los demás que pululan por el disco…
Musicalmente es una gozada, así, sin más. Petrucci lanza sin piedad armónicos forzados en la nota sol grave en la tremenda progresión B / A / E (muy normalita si no fuera porque el centro tonal no está muy claro), para luego hacer riffs super distorsionados con la quinta bemol, que le da un aire muy truculento. Los arrastres de púa son también para que se te caigan los mocos. Sí, sí, sí…
Es formidable el tempo increíblemente pesado y con cuerpo que lleva Portnoy. Los coros son de calité. Creo también que el sello de Jordan Rudess (teclista) se nota bastante, con esa manera un poco histriónica que tiene de frasear y componer (una gozada también). Cabe mencionar que este es el primer disco que Rudess grabó como miembro de la banda, y vaya que si se agradece… larga es la historia de cómo este supermúsico llegó al grupo, cuyo hito más destacable es su participación en los dos discos de Liquid Tension Experiment, proyecto personal del batería Mike Portnoy (John Petrucci, Mike Portnoy, Jordan Rudess y Tony Levin, y de los que algún día caerá algún tema en esta sección, con el consentimiento de maese Chema Portillo).
Pero vamos a la tralla. En el minuto 3:50 es cuando se desata el infierno. Un riff extremadamente oscuro da la entrada a toda la banda (es uno de los grandes momentos de Dream Theater), mientras Portnoy parece estar llamando a las puertas del infierno con los pedales de doble bombo. Tras una idea repetida del teclado, llega una de las frases más guapas de la historia de la música (4:21), que además, ya que estamos oyendo un álbum conceptual, veremos que se retoma más adelante en el disco, pero con métrica ligeramente diferente (más concretamente, en el brutal instrumental The Dance of Eternity). Poco después llega el gigantesco solo de guitarra. Dios mío, no se puede tener más técnica ni componer de una manera tan EXTREMA, John, como demonios lo haces? El sonido, además, es perfecto (señalo aquí que, aunque en el directo ya lleva Petrucci sus fabulosas Ernie Ball/Music Man, este disco fue el último que se toco con su estupenda Ibanez. Ay, con lo que me gustan a mi las Ibanez, me la compraría si aún la fabricaran…). El solo, en la versión directo, es ligeramente diferente, ya que “comprime” el tiempo de la parte final y hace un sweep picking de desmayo (y el tío además le da vueltas a la púa entre frase y frase, la virgen). Luego sigue un, como he mencionado antes, histriónico solo de Rudess, que no desmerece para nada del conjunto. Por cierto, a ver, listos: premio para el que descubra el curioso juego de compases (muy al gusto de los progresivos) que hay durante el desarrollo de ambos solos. Una pista: simetría.
En el minuto seis, para culminar, se enzarzan en unas líneas ostinato muy difíciles, mientras John Myung hace unas figuras descendentes que dan ganas de tirarse por la ventana. Y, como una premonición, el hipnoterapeuta nos avisa, con un piano muy de banda sonora de peli de miedo antigua, de que la muerte no es el fin, sino sólo una transición. Lo que viene después merecería un capítulo aparte.
Este tremendo disco fue llevado al directo en el año 2000, y se recogió en un triple álbum y un DVD (Metropolis pt. 2: Scenes from New York), que es una auténtica obra maestra. Os recomiendo vivamente que os hagáis con el álbum de estudio y el DVD al menos, porque se ve a este grupo en su mejor momento de forma y creatividad, seguro (y mira que me gusta el Live at the Budokan…).
Esto es todo por esta semana. Ya que hoy tocaba hacerle el homenaje a mis ídolos, es el momento para, desde mi particular tribuna, lanzar un agradecimiento al gran Chema Portillo, nuestro bajista: fue él quien me introdujo a esta banda y me dio a conocer su música, y por su culpa tengo ahora todos los discos y DVD que no son pocos, ains, mi dinerito me he dejao. Además aumentó mi interés drásticamente por desarrollar las habilidades técnicas con la guitarra (hoy día, Petrucci es, aunque creo que no el mejor guitarrista del mundo, y esto me duele decirlo; es, decía, mi guitarrista favorito ya para siempre jamás. Por cierto, próximamente trataré sobre el que creo que es el mejor, aunque no el “prefe”, del que tengo ya su último disco que es la caña –regalo de mi chica-), y así tengo las manos. Pues nada, un saludo y Feel The Pawa…